Bienvenidos al tren

Bienvenidos al tren!
Sí, es posible que más de una vez descarrile. También puede hacer paradas en pueblos hostiles y estoy en condiciones de asegurar que va a transitar por parajes inhóspitos. Por momentos es más lento que el Gran Capitán y se viaja peor que en el Sarmiento. Aún así sean bienvenidas aquellas almas que quieran someterse al trajín de desempolvar recuerdos, construir anécdotas y volverse cada día un poquito más locas. Estos son mis vagones, fotos instantáneas de momentos irrepetibles. Fragmentos de un presente escurridizo que nunca se deja atrapar, porque este instante ya pasó.

martes, 24 de julio de 2012

Óleo de un amor con reparos (carta abierta a vos)

A lagrimita y morisqueta,

¿Creés en el destino? Al principio me sentía en una novela. La heroína, esa que tenía siempre las de perder pero salía bien parada, esa que te enamoraba con la sencillez. Las cosas en común, la ternura, la piel. No puedo objetar nada, no puedo hacer un reproche. La escena era perfecta. Vos, el galán, ese que venía adormecido, aturdido, sin la valentía que tenía nuestra heroína para enfrentar a los molinos de viento. Ni Don Quijote se había llevado puestas tantas paredes como yo. Como dije, inobjetable, la pareja estaba hecha en el cielo. Vos peinadito, yo despeinada. Vos prolijito, yo despreocupada. Vos arrutinado, yo desenamorada. Vos todo resuelto y yo casi que nada. La suerte estaba echada. El azar hizo lo suyo, la química también. Y casi sin darnos cuenta armamos una burbuja. Permeable sí, pero increíblemente resistente. Me enamoré como nunca en mi vida. Me vi decorando una casa inexistente, queriendo a una familia que ni conozco, planificando para dos estando yo sola. Te vi a vos, el loco de las camisas, dejándome en la pileta las cucharas, abrazándome todas las noches, roncándome bien cerquita de la oreja. Firmé un cheque en blanco. Jugué un pleno. Hipotequé un corazón. Me desnudé para vos, fui transparente. Enloquecí más de una vez y te mostré mis costados oscuros. Te amé, (te amo) te di (te doy) todo lo que me dejas-te darte. No alcanza. Quizás (ojalá) sea sólo un traspié en pleno nudo de la novela. Lo cierto es que hoy no lo sé (pero sigo intentando). Siento que hoy nos gana el miedo... Hete aquí la paradoja. Pensé que no me amabas, no realmente, y eso me sirvió como excusa por un tiempo. Hoy veo encenderse a tus ojos cuando me miran entreabiertos, casi como en un sueño lúcido. No tengo dudas, me amás y éste quizás sea mi mayor dolor: no alcanza. Creí que la culpable de todo era ella, que yo tenía que pagar un derecho de piso, y eso me sirvió otro rato. Hoy entiendo que el tiempo no marca la diferencia cuando se trata de un sentimiento. No tengo dudas, no es ella la culpable y esta quizás sea mi mayor angustia: no alcanza. Es el miedo el arma masiva que nos destruye. Es la incertidumbre lo que te carcome desde adentro. Es la falta de seguridad lo que corroe cualquier sensación. Tenés miedo. No querés arriesgar. Y no creo que vayas a hacerlo porque elegir como siempre implica un riesgo y consecuencias. Cada acción lleva a una reacción y no poder controlar esa reacción, petrifica a cualquiera. Pero no por eso se pueden dejar pasar las emociones (la vida) de largo. Estar seguro no sirve de nada si no te sentís vivo. Espero que sepas que ninguna decisión que puedas tomar en toda tu existencia es peor que no tomar una (que dicho sea de paso es también una decisión -la más tonta-). Hoy escucho a Silvio (Rodríguez) y comprendo a la perfección a qué se refería cuando le cantaba al amor su canción (Óleo de una mujer con sombrero) y dice algo así: "La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar." Como dije: no alcanza. Así que acá estoy, honrando esta frase, diciéndote que pase lo que pase, te amo (come what may).

Mariposa

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